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Comité Nacional por la Libertad de los Cinco Cubanos

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Round of applause for terror

by Jean-Guy Allard
Feb. 16, 2007
Reprinted from Granma Internacional

THE Miami Herald didn’t think it was worth reporting on even though its journalists were witnesses to the incident. A few days after having been the leading player in a protest to support international terrorist Luis Posada Carriles, Miguel Saavedra, head of the so-called Vigilia Mambisa, has received a round of applause from a group of Miami police officers.

In a fit of hysteria Miguel Saavedra throws his megaphone at university student Michael Martínez.

The incident is nothing more than further confirmation of the mafioso character of that city. Officially a humble installer of air conditioning units and washing machine repair guy, Saavedra has become the head of a pack of delinquents in the service of the Miami capos.

On Friday, January 19, Saavedra was leading a demonstration to support Posada in a park on 8th Street when he physically assaulted Michael Martínez, a Bolivarian Youth activist, who was peacefully protesting with three friends and holding up a placard displaying the slogan “Terrorists to Jail.”

Hysterical, Posada’s supporters beat up the university student and his friends while Saavedra threw a megaphone at him, according to footage on local television on the same day.

In the days that followed, Martínez presented a formal complaint to the Miami Police Department for this act of aggression, with the help of South Florida Peace and Justice, an organization promoting social justice and human rights.

To date, there has been no response to the complaint.

At the rally organized by Saavedra, the presence was noted of notorious terrorists – those who enjoy total impunity in Miami – including Orlando Bosch himself, an accomplice of the detained terrorist in the sabotage of a Cuban airliner in 1976; Rodolfo Frometa, leader of the Comandos F-4 terrorist group, as well as individuals linked to Alpha 66, another criminal organization, all of them carrying placards demanding Posada’s release.

FROM THE ELIAN KIDNAPPING TO THE 2000 ELECTION

For several years, Saavedra has directed this group of braggarts, including a number of ex-convicts and karate aficionados who the Miami capos – notably those from the so-called Cuban Liberty Council – use according to their needs.

In 2000, Saavedra organized various hostile demonstrations against the return of young Elian González to Cuba in the company of his father. At that time, he used to attack anyone who expressed an opinion in support of that.

In those protests, was always seen alongside José Basulto, head of Brothers to the Rescue; Ramón “Ramoncito” Saúl Sánchez Rizo, former member of the Omega 7 group, now converted into a pseudo-pacifist; and Silvia Iriondo, organizer (paid by the State Department) of anti-Cuban demonstrations.

Alpha 66 also joined these protests on numerous occasions.

It should be mentioned that the Vigilia Mambisa chief is the cousin of Manuel Camargo Saavedra and Alberto Pérez Saavedra, two terrorists on file in FBI archives.

On November 22, 2000, he achieved a certain notoriety when the Bush clan, in a tight corner, secured his services in order to solve the presidential elections. In response to a call from Congressman Lincoln Díaz-Balart, the Saavedra gang created disturbances in locations where laborious vote recounts were taking place and were responsible for putting an end to the democratic show.

Armed as always with megaphones and joining up with a handful of Republican Party officials, Vigilia Mambisa arrived to provoke the finale of the operation. A Supreme Court judge was later responsible for presenting Bush with his imperial crown.

And so this Posada-supporting extremist appeared several days ago at a protest by members of the Miami police force, currently involved in a serious labor dispute.

Dressed in a police force shirt, Saavedra took a placard from the hands of one officer and greeted participants in the small rally, who responded with applause. Later, he got into one of the vehicles destined for the agents and their families for an excursion to the tourist attraction known as Parrot Jungle.

Many journalists were witnesses to those scenes that took place under their noses in the middle of the MacArthur Causeway.

In any other U.S. city, a relation of this kind between a known extremist who publicly supports a terrorist, and the local police, would provoke fierce questioning on the part of the local press. But not in Miami, where not one line was written about the incident.

In his diary, René González, one of these anti-terrorist fighters still incarcerated in the United States, recounts that, in the midst of the travesty of a trial that they were forced to undergo, a noisy demonstration took place outside the courthouse.

René specifies that the leader of the furious mob that had gathered with the express purpose of intimidating the jury, was Miguel Saavedra.

     

Aplausos para el terror

por Jean-Guy Allard
16 de febrero del 2007
Reimprimado de Granma Internacional

THE Miami Herald no valoró que valía la pena reportarlo, aunque sus periodistas fueron testigos del incidente. Pocos días después de haber sido el protagonista de una protesta a favor del terrorista internacional Luis Posada Carriles, el jefe de la llamada Vigilia Mambisa, Miguel Saavedra, recibió nutridos aplausos de un grupúsculo de policías de Miami.

El incidente no es más que otra confirmación del carácter mafioso de esa ciudad. Oficialmente un simple instalador de aparatos de aire acondicionado y reparador de lavadoras, Saavedra se ha convertido en jefe de una jauría de delincuentes al servicio de la cúpula mafiosa de Miami.

El viernes 19 de enero, Saavedra lideraba una manifestación en respaldo a Posada, en un parque de la Calle 8, cuando agredió físicamente a un militante de la Juventud Bolivariana, Michael Martínez, quien protestaba pacíficamente con tres compañeros mostrando una pancarta con el lema: “Terroristas a la cárcel”.

Los partidarios de Posada, histéricos, golpearon al estudiante universitario y sus compañeros, mientras Saavedra le lanzó un megáfono, según imágenes presentadas el mismo día por la televisión local.

En los días siguientes, Martínez presentó una denuncia formal ante el Departamento de Policía de Miami por esa salvaje agresión, con la ayuda de la South Florida Peace and Justice, una organización que promueve la justicia social y los derechos humanos.

El trámite no había dado resultado hasta el momento de redactar estas líneas.
En la concentración, convocada por Saavedra, se notaba la presencia de connotados terroristas, de los que se benefician en Miami de una total impunidad, entre ellos el propio Orlando Bosch, cómplice del terrorista detenido en la destrucción de un avión de Cubana en 1976; Rodolfo Frómeta, cabecilla del grupo terrorista Comandos F-4, así como individuos de Alpha 66, otra organización criminal, con carteles reclamando la liberación de Posada.

DEL SECUESTRO DE ELIAN A LA ELECCION DEL 2000

Saavedra dirige desde hace varios años su grupo de bravucones, incluyendo a un número de ex presos y de aficionados al kárate, que los capos mafiosos de Miami —notablemente los del llamado Cuban Liberty Council— usan según sus necesidades.

En el 2000, Saavedra dirigió varias manifestaciones hostiles cuando el regreso a Cuba del niño Elián González para reunirse con su padre. Agredía entonces a cualquiera que expresara una opinión en ese sentido.

En estas protestas se exhibía al lado del jefe de Hermanos al Rescate, el terrorista José Basalto; de un ex miembro de Omega 7 convertido en seudopacifista, Ramón “Ramoncito” Saúl Sánchez Rizo, y de la organizadora de campañas contra Cuba —por cuenta del Departamento de Estado— Silvia Iriondo.

Alpha 66 se sumó en múltiples ocasiones a sus protestas.

Hay que saber que el jefe de Vigilia Mambisa es primo de dos terroristas fichados hasta en los archivos del FBI, Manuel Camargo Saavedra y Alberto Pérez Saavedra.

El 22 de noviembre del 2000, alcanzó cierta notoriedad cuando el clan Bush, arrinconado, recurrió a sus servicios para resolver a su favor las Presidenciales. Llamada al socorro por el congresista Lincoln Díaz-Balart, la tropa de Saavedra creó disturbios en los lugares donde se hacía el laborioso recuento de votos y se encargaron de poner fin al show democrático.

Armados como siempre con altoparlantes y sumándose a un puñado de funcionarios del Partido Republicano, Vigilia Mambisa logró provocar el final de la operación. Un juez de la Corte Suprema se encargó más tarde de entregar a Bush su corona imperial.

PARTIDARIO DEL TERROR Y SOCIO DE LA POLICIA

Así que este extremista que apoya a Posada se apareció, hace unos días, en una protesta de miembros de la policía de Miami, actualmente en proa a un grave conflicto de trabajo.

Vestido con un pulóver de ese cuerpo policíaco, Saavedra tomó enseguida un cartel de las manos de un oficial y saludó a los participantes en la pequeña concentración que respondieron con aplausos. Luego subió a uno de los vehículos que llevaba a los agentes y a sus familias en una excursión al sitio turístico llamado Parrot Jungle.

Muchos periodistas fueron testigos de la escena que se produjo a la vista de todos, en pleno MacArthur Causeway.

En cualquier otra ciudad norteamericana, una relación de esa naturaleza entre un conocido extremista, que apoya públicamente a un terrorista, y la policía local, provocaría un fuerte cuestionamiento de parte de la prensa local. Pero no en Miami, donde ni una línea se escribió sobre el incidente.

En ese insólito movimiento de apoyo a un terrorista denunciado internacionalmente, Saavedra sustituye a Ernesto Abreu, presidente de la llamada Junta Patriótica Cubana, también afiliada a Alpha 66, y dueño inscrito del barco Santrina que trasladó ilegalmente a Luis Posada Carriles a Estados Unidos.

Abreu está actualmente preso en Texas, tras negarse a declarar ante un Gran Jurado sobre este asunto. Su Foro Patriótico Cubano (FPC) reúne al Consejo por la Libertad de Cuba, de Luis Zúñiga Rey y Roberto Martín Pérez; Unidad Cubana, de Armando Pérez Roura y Antonio Calatayud; la Brigada 2506, de Félix Rodríguez Mendigutía; el Consejo del Presidio Político Cubano, de Reinaldo Aquit, y el Partido Protagonista del Pueblo de Orlando Bosch.

Todos estos grupos y grupúsculos, sin excepción, tienen vínculos documentados con el terrorismo contra Cuba.

Hace unas semanas, la periodista norteamericana Ann Louise Bardach, al revelar en The Washington Post cómo el expediente de Posada había sido desaparecido de la caja fuerte del FBI de Miami, señalaba que el agente de enlace de la policía local con el Buró Federal de Investigaciones en materia de terrorismo es un detective bien conocido nombrado Luis Crespo Junior.

Ocurre que este oficial cubanoamericano es hijo de Luis Crespo, “uno de los más famosos militantes antiCastro, conocido como El Gancho por una mano que perdió por una bomba mal arreglada".
Bardach señalaba luego que uno de los ayudantes de Crespo es el detective Héctor Alfonso, cuyo padre es otro terrorista anticubano llamado Héctor Fabián.

Miami es esa misma ciudad donde un tribunal negó un cambio de sede para el juicio a cinco cubanos arrestados mientras infiltraban grupos terroristas. Los defensores de Los Cinco alegaban que era imposible en esa ciudad dominada por el hampa cubanoamericano, llevar a cabo un proceso imparcial.

En su diario, René González, uno de estos combatientes antiterroristas que siguen secuestrados en los Estados Unidos, cuenta cómo, en medio del simulacro de juicio que se les hizo, se había organizado una ruidosa manifestación frente al tribunal.

René precisaba que el jefe de esa turba furibunda, reunida con el solo propósito de intimidar al jurado, era un tal… Miguel Saavedra.


 

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